Hoy, para Cuba, no existe otro camino que el de siempre
En medio de las complejas circunstancias que atraviesa el mundo, y particularmente América Latina, tras la reciente operación militar contra la República Bolivariana de Venezuela, Washington enfila sus amenazas hacia Cuba.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha recurrido a una retórica incendiaria, asegurando que «entrar y destrozar» es, probablemente, la única opción que le queda sobre la mesa.
A este discurso se sumó el secretario de Estado, Marco Rubio, quien lanzó un ultimátum político a La Habana: o la dirigencia cubana cambia su sistema y se somete a lo que él denomina una «economía real», o enfrentará una profundización del cerco y una presión sin precedentes sobre la Isla.
Pocos podrían haber imaginado un giro tan violento y desconcertante en el escenario internacional, aun conociendo los antecedentes del actual mandatario.
Sin embargo, su administración ha sobrepasado todos los límites legales y racionales. Al secuestrar presidentes, amenazar a naciones soberanas, bombardear e invadir, Washington ha dinamitado las bases de las relaciones internacionales.
Es evidente que, ante la profunda crisis interna que vive su propio país, quienes utilizan la soberbia y la ambición como brújula tienen poco margen de maniobra.
Estamos asistiendo a las acciones desesperadas de un imperio que se derrumba.
Al abrir diversos frentes de conflicto, buscan infundir temor para recuperar un control hegemónico que no les pertenece, poniendo al mundo entero al borde del apocalipsis.
Lo más revelador es que ya no se esfuerzan en guardar las formas. Aquellos que antes negaban la existencia del bloqueo, calificándolo de «justificación del Gobierno revolucionario», hoy proclaman abiertamente su intención de asfixiar al pueblo cubano, apretar aún más el cerco económico.
Ya no les importa la opinión internacional, han abandonado el discurso de la «democracia» y los «derechos humanos» para mostrar su rostro más rapaz.
En una época similar, cuando Ronald Reagan amenazaba con barrernos de la faz de la tierra, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz manifestó con claridad meridiana: «Yo estoy absolutamente convencido de que la única forma de enfrentar esa situación es mantener una posición firme y fortalecerse».
Hoy, para Cuba, no existe otro camino que el de siempre: enfrentar, resistir y, finalmente, derrotar al enemigo en cualquier terreno que nos imponga.
por Raúl Antonio Capote
Fuente: Granma

